En la Misa Crismal, el Papa habla del cansancio sacerdotal: “Es como el incienso que sube hasta el corazón del Padre”

El santo padre Francisco ha presidido esta mañana de Jueves Santo, la santa misa Crismal en la Basílica Vaticana; liturgia que se celebra en este día en todas las catedrales presidida por su obispo o arzobispo.

La solemne misa en la basílica de San Pedro, adornada con arreglos floreales, ha sido concelebrada por cardenales, obispos y presbíteros diocesanos y religiosos, mientras el coro pontificio de la Capilla Sixtina entonaba cantos polifónicos.

Uno de los momentos más emocionantes de la celebración eucarística, ha sido cuando los sacerdotes han renovato las promesas hechas en el momento de la ordenación. Además se ha bendecido el óleo de los enfermos, el óleo de los catecúmenos y el Crisma, que se encontraban en unas ánforas grandes de plata. Después de la celebración los óleos se llevan a la catedral de Roma, San Juan de Letrán, desde donde se distribuirán a los sacerdotes de la diócesis romana para la administración de los sacramentos durante el año.

Durante la homilía, el Pontífice ha hecho una reflexión sobre “el cansancio” de los sacerdotes.

Si el Señor piensa y se preocupa tanto en cómo ayudar a los sacerdotes, “es porque sabe que la tarea de ungir al pueblo fiel es dura; nos lleva al cansancio y a la fatiga”, ha afirmado, asegurando que “lo experimentamos en todas sus formas: desde el cansancio habitual de la tarea apostólica cotidiana hasta el de la enfermedad y la muerte e incluso hasta la consumación en el martirio”.

Francisco ha reconocido: “Pienso mucho y ruego a menudo, especialmente cuando el cansado soy yo”, ha indicado. “y nuestro cansancio, queridos sacerdotes, es como el incienso que sube silenciosamente al cielo. Nuestro cansancio –ha observado– va directo al corazón del Padre”.

Por otro lado, ha explicado que “cuando sentimos el peso del trabajo pastoral, nos puede venir la tentación de descansar de cualquier manera, como si el descanso no fuera una cosa de Dios”. Por eso, el Obispo de Roma ha pedido no caer “en esta tentación”. Es más “nuestra fatiga es preciosa a los ojos de Jesús, que nos acoge y nos pone de pie”, ha proseguido.

Del mismo modo, el Obispo de Roma ha repasado las tareas de los sacerdotes que hoy proclama la liturgia: “llevar a los pobres la Buena Nueva”, “anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos”, “dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”. Isaías agrega: “curar a los de corazón quebrantado y consolar a los afligidos”.

Estas tareas no son fáciles, estas tareas implican “nuestra capacidad de compasión”. Para los sacerdotes, “las historias de nuestra gente no son un noticiero: nosotros conocemos a nuestro pueblo, podemos adivinar lo que les está pasando en su corazón; y el nuestro, al compadecernos (al padecer con ellos), se nos va deshilachando”.

A continuación, el Papa ha hecho la reflexión sobre los tipos de cansancios.

En primer lugar está “el cansancio de la gente, de las multitudes”. Este cansancio, ha indicado el Papa, es bueno, está lleno de frutos y de alegría. Es el cansancio –ha añadido–  del sacerdote con olor a oveja…, pero con sonrisa de papá que contempla a sus hijos o a sus nietos pequeños. De este modo, el Pontífice ha afirmado que no “podemos ser pastores con cara de vinagre, quejosos, y lo que es peor, pastores aburridos”.

El segundo cansancio del que ha hablado es “el de los enemigos”. El Papa ha advertido que “el demonio y sus secuaces no duermen y, como sus oídos no soportan la Palabra, trabajan incansablemente para acallada o tergiversarla”. Así, el Pontífice ha explicado que “no sólo se trata de hacer el bien, con toda la fatiga que conlleva, sino que hay que defender al rebaño y defenderse uno mismo contra el mal”. Aquí necesitamos pedir la gracia –ha precisado– de aprender a neutralizar: neutralizar el mal, no arrancar la cizaña.

Finalmente ha hablado del “cansancio de uno mismo”. Es quizás el más peligroso, ha reconocido, es más “auto-referencial”, es “la desilusión de uno mismo pero no mirada de frente, con la serena alegría del que se descubre pecador y necesitado de perdón: éste pide ayuda y va adelante”. También lo ha definido como “coquetear con la mundanidad espiritual”. Y así, ha explicado que “sólo el amor descansa. Lo que no se ama cansa y, a la larga cansa mal”.

Para concluir, el Santo Padre ha recordado que la imagen más honda y misteriosa de cómo trata el Señor el cansancio pastoral, es el lavatorio de los pies. Francisco ha indicado que “en los pies se puede ver cómo anda todo nuestro cuerpo”.

El Señor –ha añadido– nos lava y purifica de todo lo que se ha acumulado en nuestros pies por seguirlo. Eso es sagrado. Por último, el Papa ha invitado a pedir la gracia de aprender a estar cansados, pero “ibien cansados!”

Fuente: Zenit.org

Texto completo de la homilía del Santo Padre en la Misa Crismal del Jueves Santo

Libreto de la celebración

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