“Doy gracias a Dios por las mujeres que construyen un mundo más humano, atestiguan el Evangelio y trabajan en la Iglesia”

Este domingo 8 de marzo comentando el Evangelio del día el Papa Francisco centró su reflexión en el significado del episodio de la expulsión de los vendedores del templo. Ante una soleada plaza de San Pedro coloreada y entusiasta por los miles de fieles y peregrinos congregados, el Obispo de Roma recordó que tal gesto profético de Jesús suscitó “fuerte impresión entre la gente y los discípulos”: gesto y mensaje profético “que se entienden completamente a la luz de su Pascua, primer anuncio de la muerte y resurrección de Cristo”. “En este tiempo de Cuaresma nos estamos preparando para la celebración de la Pascua, donde renovaremos las promesas de nuestro Bautismo”, pidió el Pontífice, precisando luego que cada Eucaristía que celebramos con fe nos hace crecer como templo vivo del Señor, gracias a la comunión con su Cuerpo crucificado y resucitado.

Después de rezar el Ángelus del III domingo de Cuaresma, el Obispo de Roma saludó cordialmente a los numerosos fieles, romanos y peregrinos procedentes de diversos países, presentes en una soleada Plaza de San Pedro casi primaveral.

El Papa dio su cordial bienvenida a los fieles brasileños de Curitiba; a los grupos parroquiales de Treviso, Génova, Crotone, L’Aquila y a los de la zona de Domodossola; a la vez que dirigió un pensamiento a los chicos de Garda que acaban de recibir el Sacramento de la Confirmación.

El Santo Padre ofreció nuevamente una sugerencia para el tiempo litúrgico que estamos viendo con las siguientes palabras:

“Durante esta Cuaresma, tratemos de estar más cerca de las personas que están viviendo momentos de dificultad: cercanos con el afecto, la oración y la solidaridad”.

Además, el Papa Bergoglio dirigió unas palabras a las mujeres en su día internacional:

“Hoy, 8 de marzo, ¡un saludo a todas las mujeres! A todas las mujeres que cada día tratan de construir una sociedad más humana y acogedora. Y también un gracias fraterno a las que de mil maneras testimonian el Evangelio y trabajan en la Iglesia. Y ésta es para nosotros una ocasión para reafirmar la importancia y la necesidad de su presencia en la vida. Un mundo donde las mujeres son maginadas es un mundo estéril, porque las mujeres no sólo traen la vida sino que nos transmiten la capacidad de ver más allá  – ven más allá de ellas –, nos transmiten la capacidad de entender el mundo con ojos diversos, sentir las cosas con corazón más creativo, más paciente, más tierno. ¡Una oración y una bendición especial para las mujeres aquí presentes en la Plaza y para todas las mujeres! ¡Un saludo!

A todos deseo feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

Palabras del Papa Francisco antes del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de hoy nos presenta el episodio de la expulsión de los vendedores del templo.  Jesús  «hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes » (Jn 2,15). El dinero, todo. Este gesto suscitó una fuerte impresión, en la gente y los discipulos. Aparece claramente como un gesto profético, tan es así que algunos de los presentes preguntaron a Jesús: «¿Qué signo nos das para obrar así?» (v. 18) ¿Quién eres tú para actuar así? –  o sea una señal divina, prodigiosa que muestre a Jesús como enviado de Dios. Y  Él respondió:  «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar» (v. 19). Le replicaron: «han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo,  ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» (v. 20).  No habían entendido que el Señor se refería al templo vivo de su cuerpo, que habría sido destruído con la muerte en la cruz, pero que habría resucitado al tercer día. Por esto, en tres días.  «Cuando Jesús resucitó – escribe el Evangelista-  sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado» (v. 22).

En efecto, este gesto de Jesús y su mensaje profético se entienden completamente a la luz de su Pascua.  Aquí tenemos, según el Evangelista Juan, el primer anuncio de la muerte y resurrección de Cristo: su cuerpo, destruído en la cruz por la violencia del pecado, en la Resurrección se convertirá en el lugar del encuentro universal entre Dios y los hombres. Y Cristo Resucitado es precisamente el lugar del encuentro universal – ¡de todos ! – entre Dios y los hombres. Por esto su humanidad es el verdadero templo, donde Dios se revela, habla, se deja encontrar; y los verdaderos adoradoresde Dios no son los custodios del templo material, los detentores del poder y del saber religioso, sino aquellos que adoran a Dios «en espíritu y verdad» (Jn 4,23).

En este tiempo de Cuaresma nos estamos preparando para la celebración de la Pascua, donde renovaremos las promesas de nuestro Bautismo. Caminemos por el mundo como Jesús y hagamos de toda nuestra existencia un signo de su amor por nuestros hermanos, especialmente los más débiles y los más pobres,  nosotros construimos a Dios un templo en nuestra vida.  Y de esta manera lo hacemos “encontrable”  para tantas personas que encontramos en nuestro camino. Si somos testimonios de este Cristo vivo, mucha gente encontrará a Jesús en nosotros, en nuestro testimonio.  Pero – nos preguntamos  y cada uno de nosotros se puede preguntar – ¿en mi vida el Señor se siente verdaderamente a casa?.  ¿Lo dejamos hacer “limpieza” en nuestro corazón y expulsar a los ídolos, o sea aquellas actitudes de codicia, celos, mundanidad, envidia, odio, aquella costumbre de hablar mal de los otros? ¿Lo dejo hacer limpieza de todos los comportamientos contra Dios, contra el prójimo y contra nosotros mismos, como hoy hemos escuchado en la primera Lectura? Cada uno se puede responder, en silencio en su corazón: “¿Dejo que Jesús haga un poco de limpieza en mi corazón?”. “ ¡Padre, tengo miedo que me apalee!”. Jesús jamás apalea. Jesús limpiará con ternura, con misericordia, con amor. La misericordia es su manera de limpiar. Dejemos, cada uno de nosotros, dejemos que el Señor entre con su misericordia – no con el látigo, no, con su misericordia – a hacer limpieza en nuestros corazones.  El látigo de Jesús es su misericordia. Abrámosle la puerta para que limpie un poco.

Cada Eucaristía que celebramos con fe nos hace crecer como templo vivo del Señor, gracias a la comunión con su Cuerpo crucificado y resucitado. Jesús conoce aquello que hay en cada uno de nosotros, y conoce también  nuestro más ardiente anhelo: ser habitado por Él, sólo por Él. Dejémoslo entrar en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestros corazones. Que María Santísima, morada privilegiada del Hijo de Dios, nos acompañe y nos sostenga en el itinerario cuaresmal, para que podamos redescubrir la belleza del encuentro con Cristo, que nos libra y nos salva.

Fuente: Radio Vaticana y Radio Vaticana

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Un comentario en ““Doy gracias a Dios por las mujeres que construyen un mundo más humano, atestiguan el Evangelio y trabajan en la Iglesia”

  1. TEMPLO DE AMOR DONDE HABITA LA VIDA

    Nadie muere del todo mientras es amado, mientras su vida importa a los-@s demás, tiene razón de ser.

    Hay muertos que VIVEN y vivos que están MUERTOS.

    Experimentamos esta realidad a través del amor, que como fuego del Espíritu sigue ardiendo sin consumirse en lo más profundo de nuestro ser, en el latido de nuestro corazón, siempre anhelante de la presencia del otro-@.

    Jesús promete vivir más allá de esta vida, el dice: YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO, QUIEN COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE.

    Es la vida transformada por el amor, cuya certeza permanece más allá de nuestro tiempo.

    Jesús nos da su vida, èl es puro don de sí. Se ofrece como PAN DE VIDA, Pan amasado con amor que busca ser acogido y compartido.

    El hombre y la mujer necesitan el alimento del amor para vivir la vida con sentido; amar y sentirse amado-@, es la experiencia más grande y profunda de todo ser humano.

    ¿Qué otro anhelo puede haber más sublime que sentir la vida, sentirnos amados? Experimentar el amor y la misericordia de Dios sabiendo que al final de esta vida, nos aguarda la Resurrección.

    Dios nos creó para la vida, plena, gozosa, en íntima comunión de amor. Una vida que está llamada a ser promesa colmada de plenitud.

    Jesús nos ofrece su amor alimento de vida. Es lo más valioso que tiene y que a su vez ha recibido del Padre. Él dirá: “Como el Padre me ha amado, así os amo yo, permanecer en mi amor”. Amor-comunión de vida, Eucaristía.

    La tristeza y decepción de multitud de seres humanos, radica en no haber tenido la clara y luminosa certeza del amor compartido en la Eucaristía. Otros, más excépticos, afirman no haber visto el “rostro de Dios” en sus semejantes.

    Es una incoherencia total hablar de Eucaristía, del Pan de la Vida, mientras el sufrimiento lacerante hiere la sensibilidad de hombres y mujeres, roba y destruye su esperanza, por culpa del egoísmo ambicioso e interesado, convertido en indiferencia.

    La puerta de la VIDA está abierta a todos-@s.

    Un día, tal vez temerosos y angustiados, con las excusas preparadas para  eludir como ya hicimos tantas veces, la voz de la conciencia: ¿Qué has hecho de tu hermano?, trataremos de hacer creer a Dios nuestro malévolo “despiste”.

    Creámoslo o no, la VIDA al igual que el AMOR no se dejan engañar. Estar en el dintel de la puerta,ver a Jesús cara a cara, no significa pasar, tener acceso al otro lado donde el Amor y la Vida sean plenitud.

    Sin duda, hombres y mujeres, cuyos nombres están escritos en el libro de la Vida, portarán en su corazón anhelante, el único salvoconducto creíble, su vida de amor.

    YO SOY EL PAN DE VIDA, QUIEN CREE EN MI Y COME DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE.

    Eucaristía, Pan de Amor. Durante nuestra vida nos hemos alimentado de él, tantas veces ignorando al otro-@.

    Conscientes o no,  creer en Jesús, en su vida y amor, nos compromete e insta a compartir. Siendo receptores de un amor recibido como don, que a su vez hemos de dar como ofrenda querida por Dios.

    ¿Quieres atravesar la puerta de la Vida que nada ni nadie podrá cerrar, o prefieres quedarte en el dintel esperando haber qué pasa?

    Te lo dice Jesús: Pasa que si quieres compartir el Pan de Vida, has de entregar mi amor a corazón abierto, hasta el último aliento.

    La Eucaristía no es “un caramelo de pega”, (haber si cuela) ofrezco, recibo y, sin embargo, no comparto, tampoco el gusto amargo de la indiferencia.

    Es acoger la VIDA y el AMOR, para ser don entregado y compartido.

    Cada día me siento más MIRÓFORA de la Vida y el Amor del Resucitado.

    miren josune

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