“La rigidez de corazón es signo de debilidad; haz, Señor, que nuestro corazón sea sencillo y se apoye siempre en ti”

Jesús nos hace misericordiosos con la gente, mientras que quien tiene el corazón débil porque no está fundado en Cristo corre el riesgo de ser rígido en la disciplina exterior, pero hipócrita y oportunista dentro: es lo que dijo el Papa en la homilía matutina de este lunes en la Casa Santa Marta.

En el centro de la homilía del Papa estuvo el evangelio del día, en el que los jefes de los sacerdotes preguntan a Jesús con qué autoridad actúa de esta forma. Es una pregunta –explica– que demuestra el “corazón hipócrita” de esta gente: “a ellos no les interesaba la verdad”, buscaban sólo sus intereses e iban “según el viento: ‘Conviene ir aquí, conviene ir allí …’ ¡eran banderillas, ¿eh? ¡Todos! Todos”.

“Sin consistencia, un corazón sin consistencia; y así lo negociaban todo: negociaban la libertad interior, negociaban la fe, negociaban la patria,… todo, menos las apariencias. A ellos les importaba salir bien de las situaciones”, explicó, eran oportunistas: “aprovechaban las situaciones”.

Y sin embargo – prosiguió el Papa – “alguno de vosotros podría decirme: ‘Pero padre, esta gente era observante de la ley: el sábado no caminaban más de cien metros –o no sé cuánto se podía hacer– pero nunca, nunca iban a la mesa sin lavarse las manos o hacer las abluciones; eran gente muy observante, muy segura de sus costumbres’”.

“Sí, es verdad, pero en las apariencias -aseguró Francisco-. Eran fuertes, pero hacia fuera. Estaban enyesados. El corazón era muy débil, no sabían en qué creían. Y por esto su vida era, la parte exterior, toda regulada, pero el corazón iba de un lado a otro: un corazón débil y una piel enyesada, fuerte, dura”.

“Jesús al contrario, nos enseña que el cristiano debe tener el corazón fuerte, el corazón firme, el corazón que crece sobre la roca, que es Cristo, y después en el modo de ir, ir con prudencia: “En este caso hago esto pero…”: es la forma de ir, pero no se negocia el corazón, no se negocia la roca. ¡La roca es Cristo, no se negocia!”.

“Este es el drama de la hipocresía de esta gente. Y Jesús no negociaba nunca su corazón de Hijo del Padre, sino que era muy abierto a la gente, buscando caminos para ayudar. ‘¡Pero esto no se puede hacer: nuestra disciplina, nuestra doctrina dice que no se puede hacer!’ decían ellos. ‘¿Por qué tus discípulos comen el trigo en el campo, cuando caminan, el día del sábado? ¡No se puede hacer!’. Eran tan rígidos en sus disciplinas: ‘No, la disciplina no se toca, es sagrada’”.

El Papa Francisco recordó el momento en el que “Pío XII nos liberó de esa cruz tan pesada que era el ayuno eucarístico”.

“Alguno de vosotros quizás se acuerda. No se podía ni beber un sorbo de agua. ¡Ni eso! Y para lavarse los dientes, se tenía que hacer de manera que el agua no se tragara. Yo mismo de niño iba a confesarme de haber tomado la comunión, porque creía que una gota de agua había ido adentro. ¿Es verdad o no? Es verdad”, afirmó.

“Cuando Pío XII cambió la disciplina –‘¡Ah, herejía! ¡No! ¡Ha tocado la disciplina de la Iglesia!’– muchos fariseos se escandalizaron. Muchos. Porque Pío XII había hecho como Jesús: ha visto la necesidad de la gente. ‘¡Pobre gente, con tanto calor!’. Estos sacerdotes que decían tres misas, la última a la una, después del mediodía, en ayunas. La disciplina de la Iglesia”.

“Y estos fariseos eran así –‘nuestra disciplina’– rígidos en la piel, pero, como Jesús les dice, ‘putrefactos en el corazón, débiles, débiles hasta la podredumbre, tenebrosos en el corazón”, prosiguió. “Este es el drama de esta gente” y Jesús denuncia la hipocresía y el oportunismo.

“También nuestra vida puede volverse así, también nuestra vida -advirtió-. Y algunas veces os confieso una cosa, cuando he visto a un cristiano, a una cristiana así, con el corazón débil, no firme, no firme en la roca –Jesús– y con tanta rigidez fuera, he pedido al Señor: ‘Señor, tírale una piel de banana delante, para que se pegue un buen resbalón, se avergüence de ser pecador, y así te encuentre, que Tú eres el Salvador’”.

“Eh, muchas veces un pecado nos hace avergonzar tanto y encontrarnos con el Señor, que nos perdona -concluyó-, como estos enfermos que estaban aquí e iban al Señor para curarse”.

“Pero la gente sencilla” – observa el Papa – “no se equivocaba”, a pesar de estos doctores de la ley, “porque la gente sabía, tenía ese pálpito de la fe”.

El Papa concluye con esta oración su homilía: “Pido al Señor la gracia de que nuestro corazón sea sencillo, luminoso con la verdad que él nos da, y que así podamos ser amables, perdonadores, comprensivos con los demás, de corazón sencillo con la gente, misericordiosos. Nunca condenar, nunca condenar. Si quieres condenar a alguien, condénate a ti mismo, que algún motivo tendrás, ¿eh?”.

“Pidamos al Señor la gracia de que nos de esta luz interior, que nos convenza de que la roca es sólo Él y no tantas historias que hacemos como cosas importantes; y que Él nos diga – ¡Él nos diga! – el camino, que Él nos acompañe en el camino, que él nos ensanche el corazón, para que puedan entrar los problemas de tanta gente y que Él nos de una gracia que esta gente no tenía: la gracia de sentirnos pecadores”.

Fuente: Aleteia.org

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