“Dios es el Dios de la ley, pero también el Dios de las sorpresas”

Meditación en la misa de Casa de Santa Marta, 13 de octubre de 2014

“Abrirse a las sorpresas de Dios y no cerrarse ante los signos de los tiempos”. Es cuanto afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina presidida en la capilla de la Casa de Santa Marta. Al comentar las palabras de Jesús a los doctores de la ley, Francisco exhortó a los fieles a no permanecer sujetos a sus propias ideas, sino a caminar con el Señor, encontrando siempre cosas nuevas.

Jesús habla a los doctores de la ley que le piden un signo y los define “generación malvada”. El Santo Padre partió de este pasaje del Evangelio para detenerse sobre el tema de las “sorpresas de Dios”. Y observó que tantas veces estos doctores piden signos a Jesús, y Él les responde que no son capaces de “ver los signos de los tiempos”:
“Porque estos doctores de la ley no entendían los signos del tiempo y pedían un signo extraordinario (Jesús se los dijo después). ¿Por qué no entendían? Ante todo porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema, habían ordenado la ley muy bien, una obra de arte. Todos los hebreos sabían qué cosa se podía hacer, y qué cosa no se podía hacer, hasta dónde se podía ir. Estaba todo organizado. Y ellos estaban seguros allí”.

Para ellos – añadió el Papa – eran “cosas extrañas” esas que había Jesús: “Ir con los pecadores, comer con los publicanos”. Porque a ellos “no les gustaba, era peligroso; estaba en peligro la doctrina, esa doctrina de la ley, que ellos”, los “teólogos, habían hecho a lo largo de los siglos”. Además, Francisco reconoció que “lo habían hecho por amor, para ser fieles a Dios”. Pero “estaban encerrados allí”, “sencillamente habían olvidado la historia. Se habían olvidado que Dios es el Dios de la ley, pero que también es el Dios de las sorpresas”. Por otra parte – dijo Francisco – “también a su pueblo, Dios le ha reservado sorpresas tantas veces” como cuando los ha salvado “de la esclavitud de Egipto”.

“Ellos no entendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; que jamás reniega de sí mismo, que jamás dice que lo que había dicho era incorrecto. Jamás. Pero nos sorprende siempre. Y ellos no entendían y se encerraban en aquel sistema hecho con tanta buena voluntad, y pedían a Jesús: ‘¡Pero danos una señal!’. Y no entendían los tantos signos que Jesús hacía y que indicaban que el tiempo estaba maduro. ¡Cerrazón! Segundo, habían olvidado que ellos eran un pueblo en camino. ¡En camino! Y cuando nos encaminamos, cuando uno están en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía”.

Y añadió, “un camino no es absoluto en sí mismo”, es el camino hacia “la manifestación definitiva del Señor. La vida es un camino hacia la plenitud de Jesucristo, cuando vendrá por segunda vez”. Esta generación – dijo también el Papa – “busca un signo”, pero el Señor dice: “no le será dado ningún signo, sino el signo de Jonás”, o sea “el signo de la Resurrección, de la Gloria, de aquella escatología hacia la cual estamos en camino”. Y estos doctores – reafirmó – “estaban encerrados en sí mismos, no estaban abiertos al Dios de las sorpresas, no conocían el camino y ni siquiera esta escatología”. De este modo, cuando en el Sinedrio Jesús afirma que es el Hijo de Dios, “se arrancan las vestiduras”, se escandalizaron diciendo que había blasfemado. “El signo que Jesús les da a ellos – afirmó – era una blasfemia”. Y por este motivo “Jesús dice: generación malvada”.

El Papa observó asimismo que éstos “no habían entendido que la ley que ellos custodian y amaban” era una pedagogía hacia Jesucristo. “Si la ley no lleva a Jesucristo – reafirmó – no nos acerca a Jesús, está muerta. Y por esta razón Jesús les recrimina que están cerrados, que no son capaces de reconocer los signos de los tiempos, que no son capaces de estar abiertos al Dios de las sorpresas”.

“Y esto debe hacernos pensar: yo estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, ¿cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona detenida o una persona que camina? ¿Yo creo en Jesucristo? ¿En Jesús, en lo que ha dicho: que ha muerto, resucitado y terminada la historia? ¿Credo que el camino va adelante hacia la madurez, hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de comprender los signos de los tiempos y ser fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos? Podemos hacernos hoy estas preguntas y pedir al Señor un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios; que ame también las sorpresas de Dios y que sepa que esta ley santa non tiene un fin en sí misma”.

Está “en camino” – reafirmó – es una pedagogía “que nos lleva a Jesucristo, al encuentro definitivo, donde se producirá este gran signo del Hijo del hombre”.

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