“Estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a los confines de la ‘iglesita’, de nuestra iglesia pequeñita”

Antes de la oración mariana del Ángelus de este XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario, el Papa reflexionó sobre el Evangelio de hoy de San Mateo, donde Dios, representado por un rey, invitó a participar a un banquete de boda a determinadas personas, pero algunos de ellos se mostraron indiferentes incluso fastidiados. “Dios es bueno con nosotros, nos ofrece gratuitamente su amistad, su alegría, la salvación, pero muchas veces no recibimos sus dones, ponemos en primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses”. A pesar de esto, el rey no suspende la fiesta e insiste con su invitación. “El Evangelio, rechazado por alguien, encuentra una acogida inesperada en muchos otros corazones”. El Obispo de Roma recordó que la bondad de Dios “no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por ello el banquete de los dones del Señor es universal, para todos. A todos se les da la posibilidad de responder a su invitación”.

El Santo Padre recuerda que esto nos lleva a superar la tendencia de posicionarnos “cómodamente en el centro para abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está en los márgenes es objeto de la generosidad de Dios”. E insistió en que todos estamos llamados a “dilatar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios”.

Palabras completas del Papa en el Ángelus del 12 de octubre de 2014

Queridos hermanos y hermanas,

en el Evangelio de este domingo, Jesús nos habla de la respuesta que se da a la invitación de Dios – representado por un rey – a participar en un banquete de bodas (cf. Mt 22,1-14). La invitación tiene tres características: la gratuidad, la extensión, la universalidad. Los invitados son tantos, pero sucede algo sorprendente: ninguno de los elegidos acepta participar de la fiesta, dicen que tienen otras cosas que hacer; es más, algunos muestran indiferencia, extrañeza, incluso fastidio. Dios es bueno con nosotros, nos ofrece gratuitamente su amistad, nos ofrece gratuitamente su alegría, la salvación, pero muchas veces no recibimos sus dones, ponemos en primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses, y también cuando el Señor nos llama, a nuestro corazón, tantas veces parece que nos molestara.

Algunos invitados incluso maltratan y matan a los servidores que les entregan las invitaciones. Pero, a pesar de las adhesiones que faltan por parte de quienes fueron llamados, el plan de Dios no se interrumpe. Frente a la negativa de los primeros invitados, Él no pierde el ánimo, no suspende la fiesta, sino que vuelve a proponer la invitación extendiéndola; extendiéndola más allá de todo límite razonable y envía a sus siervos a las plazas y a los cruces de las calles a reunir a todos aquellos que encuentran. Se trata de gente común, pobres, abandonados y desheredados, incluso buenos y malos, – ¡también los malos son invitados! – sin distinción. Y el salón se llena de “excluidos”. El Evangelio, rechazado por alguno, encuentra una acogida inesperada en muchos otros corazones.

La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por ello el banquete de los dones del Señor es universal. ¡Es universal para todos! A todos es dada la posibilidad de responder a su invitación, a su llamada; nadie tiene el derecho de sentirse privilegiado o de reivindicar la exclusividad. Todo esto nos lleva a vencer la costumbre de posicionarnos cómodamente en el centro, como hacían los jefes de los sacerdotes y los fariseos. Esto no se debe hacer: nosotros debemos abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está en los márgenes, incluso aquél que es rechazado y despreciado por la sociedad, es objeto de la generosidad de Dios. Todos estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a los confines de la “iglesita”, de nuestra iglesia pequeñita. Esto no sirve. Estamos llamados ampliar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios.

Sólo hay una condición: ponerse el traje de fiesta. Es decir testimoniar la caridad concreta a Dios y al prójimo.

Confiamos a la intercesión de María Santísima, los dramas y las esperanzas de tantos hermanos y hermanas nuestros, excluidos, débiles, rechazados, despreciados, también aquellos que son perseguidos por causa de su fe. Invocamos su protección también sobre los trabajos del Sínodo de los Obispos reunido en el Vaticano en estos días.
Ángelus…

Palabras del Santo Padre después de la oración mariana

Queridos hermanos y hermanas,
Esta mañana, en Sassari, ha sido proclamado beato, el Padre Francisco Zirano, de la Orden de los Frailes Menores Conventuales: prefirió morir antes que renegar de su fe. Demos gracias a Dios por este sacerdote y mártir, testigo heroico del Evangelio. Su valiente fidelidad a Cristo es un acto de gran elocuencia, especialmente en el actual contexto de la despiadada persecución de los cristianos.

En este momento, nuestro pensamiento está con la ciudad de Génova, otra vez duramente golpeada por las inundaciones. Aseguro mi oración por las víctimas y por los que han sufrido graves daños. Nuestra Señora de la Guardia sostenga a la querida población de Génova, en los esfuerzos colectivos para superar la terrible experiencia. Recemos todos juntos a Nuestra Señora de la Guardia (…) María Madre de la Guardia, proteja a Génova.

Saludo a todos los peregrinos, especialmente a las familias y grupos parroquiales. En particular querría saludar cordialmente al grupo de los peregrinos canadienses llegados a Roma con ocasión de la canonización Francisco de Laval de María de la Encarnación y, que los nuevos santos susciten en el corazón de los jóvenes canadienses el fervor apostólico.

Saludo al grupo de ”La Asociación Cristiana de Personas Discapacitadas” llegados desde Francia, las familias del Colegio Reinado Corazón de Jesús, de Madrid, y los fieles de Segovia; los polacos aquí presentes y los que han estado promoviendo trabajos especiales de caridad con motivo del “Día del Papa”. Saludo al gran grupo de los Amigos de San Columbano por Europa, llegados en ocasión de la apertura del catorce centenario de la muerte de San Columbano, gran evangelista del continente europeo. Saludo a las Hijas de María Auxiliadora participantes en el Capítulo General, los fieles de la parroquia de Santa María Inmaculada de Carenno, y a los representantes de la diócesis de Lodi reunidos en Roma por la ordenación episcopal de su Pastor, junto con los fieles de Bérgamo y Marne.

Les deseo a todos un buen domingo y un buen almuerzo. Por favor, les pido recen por mí. ¡Hasta la vida!

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